Terrence Malick nos cuenta una historia basada en cartas de amor en los tiempos de guerra nazi, donde un campesino austríaco se ve envuelto en una lucha interna cuando sus principios religiosos se interponen en entrar a la guerra jurando lealtad a Hitler.
Teniendo como guía las cartas reales que se enviaban Frank Jägerstätter, el campesino, y su esposa Fani a través de la guerra, Malick toma y hace homenaje a las cartas donde el diálogo entre personajes es escaso, siendo el guion resuelto con el uso de la técnica Voice Over, donde el espectador se convierte en omnipresente. Como de igual manera, Malick busca enamorarnos con su vista de ojo de Dios, donde lo vemos todo, escuchamos todo y estamos en las dos partes de la película, el pueblo y la guerra, una técnica con cámara a mano, luz natural y un lente gran angular, convirtiendo una película de género bélico a una dramática y romántica.
Sin embargo, Malick apuesta tanto en enamorarnos visualmente que en veces deja de lado la batalla interna de Franz y su familia, y así, obteniendo una historia larga y pesada para algunos. Afortunadamente Malick consigue un gran equipo, donde la parte actoral te hace sentir cariño y aprecio por ellos, sus sonrisas, sus lágrimas, los pequeñas gestos que demuestran amor, y de igual manera sus fortalezas, sus inquietudes y miedos, provocando que el espectador deseé un final feliz para la dicha pareja. Por otro lado, el maravilloso trabajo conjunto de James Newton en la música convierte esta narrativa en un paseo poético entre el bien y el mal, lo bello y lo duro de la vida, donde realmente ves y sientes el rol de un esposo y esposa, y de un padre y de una madre que luchan por permanecer fieles a sus principios, aceptando sus destinos en un camino desesperante para ellos y para sus hijas.
A Hidden Life es ésa película que te atrapa desde un inicio, un acompañamiento de principio a fin, y que a pesar de ser un cine de poco diálogo, y pudiendo ser más corta, es una maravilla, es un poema visual y musicalmente, llegando a ser muy conmovedora como pocos llegan a serlo.




